La accesibilidad es un problema

Es un problema en el sentido de desafío. Trabajar en la accesibilidad de un sitio es un proceso de creación, de diseño. Es un problema de comunicación.
Este contenido debería ser perceptible para la mayor cantidad de gente posible. Idealmente, para todos.
Enseguida empieza el recorte: lo primero que excluye gente de acceder a un contenido es el idioma en general y los dialectos o códigos en particular.
Tenemos además la barrera de las capacidades diferentes: un ciego no puede percibir las más de mil palabras que supuestamente comunica una imagen, un sordo no puede percibir la banda sonora de un video, (y perder buena parte del sentido del mismo, o confundirla).
Los adultos mayores no logran aprender a la suficiente velocidad los nuevos códigos o estructuras de navegación como para acceder a nuevos contenidos multimedia, los sitios se llenan de jerga, de convenciones compartidas por un grupo pero ignoradas por el resto.
La habilidad de aprender es lo primero  que hay que aprender y lo que hay que recuperar en los adultos mayores.
Se torna un trabajo muy complejo o al menos no es trivial. No es sencillo desaprender y reaprender, deconstruir los esquemas mentales, someter el propio andamiaje mental a una constante remodelación.
Ya no se trata de aprender cosas nuevas sino a aprender nuevas formas de aprender casi todo el tiempo.

Una manera de pensar la accesibilidad es pensarla como adaptación.
Algo sabemos de adaptar contenidos: en el cine hace rato que se trabaja con el problema de adaptar la literatura al cine. Parecería que se trata de una traslación obvia hasta que pensamos en cualquiera de los libros que leímos y luego vimos en la pantalla: es muy común pensar que uno es mejor que el otro, que la historia o el sentido fueron modificados.

Tenemos mucho trabajo por delante.